sábado, 13 de febrero de 2010

EL CONTRASTE COMPLEMENTARIO




Serusier. "Mujeres bretonas ". (fragmento)


A veces las grandes aportaciones al arte no las hace un experto estudioso, sino una persona ajena a este mundo, que es capaz de ver lo que antes nadie había percibido.


Esta persona a la que me refiero es Michel Chevreul (1786-1889). Chevreul había estudiado química, y trabajó como director de la fábrica de tapices más famosa de Francia, la de los Gobelinos. En su trabajo diario observó que , a veces, no conseguía el efecto de color deseado, a pesar de haber logrado un tinte muy puro. Investigando, se dio cuenta de que esto era debido a la influencia de los colores adyacentes. Sus posteriores experimentos le llevaron a publicar “De la ley del contraste simultáneo de los colores”.(1839)


Lo que en principio era una curiosidad, pasó a tener aplicación artística de la mano de los impresionistas y postimpresionistas. De todas las ideas de Chevreul, merece la pena destacar las dos aplicaciones que marcaron la trayectoria de la representación pictórica posterior:


El contraste de complementarios: La intensidad de un color se ve potenciada por la cercanía con su complementario.

La luz y la sombra. Cuando un objeto arroja una sombra, el color de la misma tiene un matiz que lo acerca al complementario, es decir, un objeto amarillento arroja una sombra con tono violáceo, su contrario.

Y una técnica pictórica elemental. Para sombrear y dar volumen a un cuerpo, al color original no se le añade negro o gris, sino su color complementario. Es decir, los árboles verdes se sombrean con un toque de rojo.

Sería necesario aclarar primero lo que es un color complementario.


Si dibujamos el círculo cromático, que es la base de las mezclas de color a partir de tres primarios, observamos que cada color tiene frente a él a otro, su complementario.


Por ejemplo, el naranja (amarillo y magenta) es contrario del azul, y no participa de él.


LAs tres parejas básicas de complementarios :

MAGENTA-VERDE CIAN-NARANJA AMARILLO-VIOLETA.


Van Gogh es el pintor donde más claramente se perciben las ideas de Chevreul, y todo ello con una gran serie de cuadros donde los colores complementarios se solapan creando su conocido efecto luminoso y chillón.


Que seguía literalmente estas ideas lo podemos comprobar en sus famosas cartas a Theo, donde se muestra preocupado por el efecto que puede tener su cuadro “El café de noche”:

“Intento demostrar que el café es un lugar donde uno puede volverse loco…”

La estridencia de rojos, verdes, y amarillos potencian ese efecto.


Si en Van Gogh los colores complementarios se presentan con frecuencia por yuxtaposición, no por ello dejó de aplicar el efecto de sombras coloreadas. Este cuenco de patatas cuya sombra es azul es uno de los primeros que se conocen de él.


Monet no se muestra ajeno a ello en estos árboles azulados, cuyo naranja vibrante en el lateral nos muestra más intenso el lugar donde son iluminados por el sol.


Cézanne porencia el azul del jarrón colocando una mesa anaranjada y unos melocotones de un naranja intenso.


Gauguin aplicó igualmente los contrastes para conseguir intensidad en sus lienzos. Las sombras de las tahitianas son de un tono azul cobalto.




La utilización potenciadora del complementario sería , sin embargo, imparable. Los expresionistas abusarían incluso de sus estridentes mezclas . Matisse y los fauvistas no se pueden entender sin la aplicación de este contraste.

Sombras verde azuladas en este retrato de Matisse por André Derain, la segunda aplicación de los complementarios.




El contraste de la pareja verde-rojo , hace evidente el motivo por el que se les denominó "Fauves"(fieras). Así veía Derain el puerto de Coilloure.


Sin embargo Chevreul no se mostró entusiasmado por este tipo de pintura, su gusto era más tradicional. Pero para horrorizarse ya estaba Rood, físico ,autor de “La cromática moderna”, exclamó ante las obras de Monet o Pisarro : “Si esto es lo que he hecho por el arte, desearía no haber escrito nunca ese libro.”


El vanguardista Kupka juega con los contrastes complementarios para crear las sombras en este desnudo.



Franz Marc. Caballo Rojo.


Pero una vez superada la etapa más salvaje, la pintura no volvería a ser igual. La paleta se aclara y se potencian los colores primarios y secundarios, no hay vuelta atrás a los terciarios.

Para muestra, la misma figura pintada por Delacroix, el considerado gran maestro del color, y por Van Gogh, su admirado discípulo. Por cierto que la imagen está al revés porque Van gogh la copió de un libro donde aparecía la litografía invertida. Si lo observamos sin prejuicios, no hay duda de quién merece más el calificativo de gran colorista.




Podemos concluir que las teorías del color, con fundamento científico, empezadas desde Newton, continuadas por Goethe , y recogidas por Chevreul, Itten , Albers, o Klee, cambiaron la forma de resolver el color y con ello nuestra percepción artística. Sin embargo, ninguna afirmación debe ser muy categórica, porque le surgen fisuras.

Aquí tenéis mi fisura.



Es un fragmento del cuadro “El descendimiento de Cristo “ del pintor florentino Jacopo Pontormo (S. XVI). Aparte de ser una pintura fascinante , miremos a la figura de abajo a la izquierda.

Sostiene el cuerpo de Cristo , sobre su espalda desnuda. El pintor ha pintado esa piel, sombreada, no más oscura, sino de un tono rosa que contrasta con la piel iluminada. Si nos fijamos en el abdomen del hombre, el tono es inconfundible: un verde grisáceo, que es complementario del rosa.


Aunque los historiadores dicen que Pontormo bebe de Miguel Ángel y Rosso Florentino, no he encontrado nada parecido en las pinturas de éstos. Prefiero pensar que es uno de esos toques de inspiración que acompañan a los genios y que le permitió adelantarse tres siglos a las teorías de Chevreul.

3 comentarios:

jotav dijo...

¿¿¿???? TOI PERDIDO

ANa dijo...

Lo siento, ¿ quieres decir que no se entiende ?, ¿o que estoy hablando de temas muy especializados? por favor, aclaramelo.

Vicente Camarasa dijo...

JV, esto es lo que yo te conté en la exposición pero sin la genialidad ni el rigor de Ana, claro.